
El optimismo que circulaba por los pasillos oficiales tras el 3,4% de inflación en marzo sufrió un traspié en los últimos días. Lo que comenzó como un abril de alivio para el bolsillo, con registros de deflación en el arranque del mes, se transformó en una señal de alerta: la tercera semana de abril cortó la racha de desaceleración que se mantenía firme desde febrero. El incremento en las góndolas no solo reaviva la volatilidad, sino que pone bajo la lupa las promesas de una convergencia inflacionaria inmediata hacia niveles internacionales.
Según el último reporte de la consultora LCG, el segmento de alimentos y bebidas experimentó un repunte del 1,4% semanal. Este movimiento desarticuló la curva descendente que el Gobierno buscaba consolidar para perforar el piso de los aumentos que arrastra la gestión desde mayo de 2025. El informe detalla que la inflación promedio de las últimas cuatro semanas subió al 1,5%, acelerándose un 0,3 p.p. respecto a la medición previa.
Este cambio de clima se refleja también en la masividad de los aumentos: cerca del 20% de los productos relevados mostraron variaciones al alza, duplicando la dispersión de precios vista apenas siete días atrás. Entre los rubros que más presionaron el índice se encuentran:
Panificados, cereales y pastas: +3,2%
Lácteos y huevos: +2,6%
Frutas: +0,9%
Un dato clave que resalta LCG es que el 60% del aumento mensual acumulado se explica exclusivamente por el salto en los productos lácteos, mientras que la carne, históricamente sensible, se mantuvo por debajo del promedio.

A pesar de este "hipo" semanal, otros especialistas mantienen una mirada moderadamente positiva para el cierre del mes. Iván Cachanosky, jefe de la Fundación Libertad y Progreso, estima que la inflación general de abril podría situarse entre el 2,5% y 2,6%. Para el economista, el escenario de fondo sigue siendo de desaceleración gracias a la estabilidad del tipo de cambio y al apretón monetario del Banco Central.
Sin embargo, el reciente salto semanal genera dudas sobre la velocidad de la caída que espera el ministro de Economía, Luis Caputo. El titular del Palacio de Hacienda insiste en que el camino está trazado por el orden fiscal. Tras conocerse el dato de marzo, el funcionario afirmó: “La inflación es un fenómeno monetario, y puede acelerarse por un aumento en la oferta monetaria, una caída en la demanda o una combinación de ambas. A medida que el impacto rezagado del desplome pre electoral en la demanda de dinero el año pasado vaya perdiendo fuerza, el orden fiscal y monetario permitirán que la inflación continúe su convergencia hacia niveles internacionales”.
Mientras consultoras como EconViews y EcoGo registraron subas mucho más tenues en la segunda semana (0,2% y 0,3% respectivamente), el dato de la tercera semana de LCG funciona como un recordatorio de la fragilidad del proceso desinflacionario.
Hacia adelante, el mercado apuesta a que la liquidación de la cosecha gruesa actúe como un ancla para el dólar, permitiendo que mayo se acerque al 2% mensual. En el horizonte de 2026, las previsiones privadas más optimistas ya ubican la inflación anual en torno al 25%, siempre y cuando no resurja la volatilidad que asomó a mitad de esta semana.